Sobre el Crecimiento Tecnológico

Por Noé Hernández Anguiano
Publicada el

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Estando esperando el transporte público, se me acerca una persona de mediana edad, un tanto extraordinario, quizá extravagante, quien sin conocerme y a viva voz me dijo: “Colima está lleno de mujeres preciosas”, afirmación con la que por supuesto estuve totalmente de acuerdo, más continúo diciendo: “¡Sin embargo no saben lo que es vivir! ¡Están atrapadas dentro de una vorágine tecnológica que las hace perderse de la vida real, se la pasan pegadas a los aparatos telefónicos y se pierden de las cosas buenas de la vida!”

Palabras más, palabras menos, este personaje continúo con su queja: habló del despertar de la sexualidad temprana, de la falta de valores, de cómo había sido educada nuestra generación y cómo está siendo educada esta; en fin, fui su escucha y alma de desahogo durante poco más de 10 minutos.

Lo que me llamó la atención es que, a pesar de su excentricidad, no estaba diciendo ningún disparate. Es por todos conocidos que este despertar tecnológico ha venido a colaborar en los distintos aspectos sociales de nuestras vidas, aunque también los ha interrumpido. Los cambios provocados por la modernidad han repercutido directa e indirectamente en fenómenos sociales antes estables, como el consumismo, la comunicación, la educación y nuestras formas de vivir, actuar y pensar.

Los cambios no son alarmantes, pero si constantes y ascendentes, pues lo que anteriormente eran meras herramienta de comunicación y trabajo, ahora son motores fundamentales de crecimiento y expansión social con repercusiones e impactos no solamente positivos, sino que también pueden llegar a ser negativos.

Cada vez más, las personas utilizan esta nueva tecnología para comunicarse, perdiendo entre otras cosas la comunicación cara a cara el dialogó, el debate y en mucho, las relaciones personales. También se ha reducido de acceso a bibliotecas y centros de estudios, antiguos centros de reunión y encuentro.

También, las nuevas tecnologías son causas de sentimientos como el de exclusión, causado por la no presencia en tiempo real dentro de las redes sociales o de comunicación al no poseer un “teléfono inteligente”. La simple telefonía celular ha sido rebasada pues el tomar y recibir llamadas o enviar y recibir mensajes de texto ya no es suficiente, de hecho, un aparato sencillo y económico sin las funciones de un “smartphone” se ha ganado calificativos despectivos como “cacahuatito” o como los llamó un amigo integrante de las fuerzas armadas: “de sicario”.

Es cierto que no es tan preocupante. Pero hay que ser responsables y conscientes. Es necesario poner atención desde diversas  trincheras como la familia, la escuela y el gobierno sobre cómo estos avances pueden afectar a las futuras generaciones. Tomemos en cuenta que nuestra sociedad tiende a ser más dependiente de la tecnología y nos hace que nos olvidemos del entorno y de las demás personas, Esto podría llevar gradualmente a la pérdida de relaciones y al auto enclaustramiento.

No nos olvidemos de ejemplos de países como Japón, quien a pesar de su envidiable crecimiento tecnológico es también poseedor de los más altos índices de “Jisatsu suru” (suicidio), pues las exigencias de su muy particular concepto de “presión social” se los reclama.

  Licenciado en Comunicación Social. Catedrático y estudioso en áreas de diseño, comunicación y medios. Correo-e: noherna@hotmail.com


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