Estación Sufragio: Un Mundo Imperfecto

Por Adalberto Carvajal
Publicada el

Adaloficial

Haciendo un símil con las funciones del cuerpo humano, el aparato de seguridad (que se concentra en el C-4) está sordo, ciego, cojo y manco.

 

 

Mientras en otras penitenciarías del país tienen que resentir la fuga del hijo de algún infame narcotraficante, el 14 de marzo de 2017 se escapó de una de las salas de juicios orales anexa al Cereso de Colima un reo que enfrenta proceso por violación. Fue reaprehendido al día siguiente en su casa, en Coalcomán, Michoacán, y ahí debería terminar la historia.¿

La anécdota de la fuga y de la captura son el argumento de una película, tan buena o tan mala como talento tengan el guionista y el director para hacer verosímiles (creíbles) los acontecimientos. Clint Eastwood dirigió una (Un mundo perfecto, 1993) donde él mismo interpreta al Marshall que persigue a un fugitivo, Kevin Costner, que tomó como rehén a un pequeño que nunca había tomado un refresco de cola.

Por lo demás, las autoridades estatales deberían estudiar el caso como ejemplo revelador de los muchos vicios que tiene el sistema de impartición y procuración de Justicia (vale aquí cambiar el orden en función de la cronología de los hechos), de la escasa capacitación y equipamiento con el que cuentan los elementos que fungen como custodios y de la insuficiencia u obsolescencia de la infraestructura de videovigilancia y radiocomunicación del aparato de seguridad pública.

Haciendo un símil con las funciones del cuerpo humano, este aparato (que se concentra en el C-4) está sordo, ciego, cojo y manco. Aquí la metáfora de “el largo brazo de la ley” se realizó gracias a la eficiencia del aparato de seguridad michoacano, porque el sujeto salió de las inmediaciones del reclusorio y del territorio estatal sin que nadie se percatara de la fuga.

Hasta donde podemos reconstruir los sucesos, cuando terminó la audiencia en el juicio oral que se le sigue a Sergio N. (un comerciante de 39 años, considerado de alta peligrosidad, por los delitos de violación y robo agraviado) y se retiraron el juez, el personal del ministerio público y la defensa del procesado, el sujeto (un individuo alto y corpulento) quedó bajo la vigilancia de un custodio de menor estatura y fuerza física que él, quien además por razones del protocolo en el interior de un centro penitenciario, no estaba armado.

Sergio vio la oportunidad y de un golpe contundente dejó al custodio inconsciente. Algunas versiones indican que el reo se ensañó golpeando al guardia, dejándolo malherido tras de unos muebles. Lo cierto es que el pobre vigilante no pudo pedir ayuda hasta tres horas después, cuando fue encontrado en el piso del juzgado.

En lugar de volver por la puerta por donde había entrado y que comunica al área de reclusión del Centro de Readaptación Social, Sergio traspasó otra que lo condujo a una segunda sala de juicios orales que, a su vez, comunica con oficinas administrativas y, éstas, con el ingreso al penal.

No vestía el uniforme amarillo que usted ve en las películas, sino la ropa de paisano que usan los reos colimenses; no estaba esposado ni llevaba grilletes en los tobillos. Cruzó el vestíbulo frente a todo el mundo, como un familiar que acaba de concluir la visita a un interno, sin que nadie reparara en su aspecto. Atravesó la explanada y el estacionamiento, pasó por debajo de la pluma y entre dos vigilantes, para entrar al Parque El Rodeo.

Ahí comienza la segunda parte de esta historia de horror o comedia de errores, Sergio detuvo un automóvil, obligó a bajar a la conductora a quien golpeó y dejó tirada, vamos a suponer que inconsciente o tan adolorida que no pudo gritar para pedir ayuda pese a la angustia que le provocaba saber que a bordo del automóvil que le acababan de robar… ¡iba su bebé!

Probablemente cuando Sergio se percató que había secuestrado sin querer a una creatura o hasta que se sintió seguro, abandonó el automóvil y por distintos medios se trasladó hasta su casa.

Tuvo el tiempo necesario. Las autoridades de seguridad pública en el estado se percataron de la fuga (que debió ocurrir a la una de la tarde) cuando cruzaron la información del asalto en El Rodeo con el reporte de que no había regresado el reo a su celda.

A pesar de que estaba dentro del perímetro externo del Cereso, que abarca toda La Estancia, la mujer que denunció el asalto y el plagio del menor no recibió atención sino casi una hora después. Comenzó la búsqueda del asaltante sin que supieran que en realidad estaban buscando a un fugitivo, puesto que el guardia no fue localizado sino dos horas después.

En las novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía aprendimos que, de todos los agentes de la ley (por encima del Sheriff o del Ranger), los Marshall eran los más celosos guardianes del orden porque tenían la misión de reaprehender a los fugitivos. Pero en Colima, los elementos de la policía procesal de la Secretaría de Seguridad Pública tardaron varias horas en encontrar la punta de la hebra, dándole al fugitivo una invaluable ventaja que el tipo desaprovechó… ¡al correr a su casa! 

A los custodios del Cereso en varias ocasiones se les han fugado reos que habían sido trasladados a un hospital o al sepelio de un familiar. Cuando la audiencia es en el juzgado penal que está en Villa de Álvarez, el operativo de seguridad para el traslado pone a media ciudad de cabeza. Un convoy de tres camionetas, con varios uniformados fuertemente armados, atraviesa la zona conurbada a gran velocidad y con las sirenas abiertas. Pero para cuidar a un procesado en la sala anexa al reclusorio, dejaron solo a un guardia desarmado. 

Por supuesto, cuando ocurre una fuga el primer sospechoso es el custodio que tenía la responsabilidad de vigilarlo. Y, enseguida, los directivos que decidieron que este guardia lo cuidara.

La historia de la detención es el capítulo más dramático de esta película. Sergio fue detenido en el municipio de Coalcomán, Michoacán, a donde fue a refugiarse pensando que la policía de allá era tan predecible como la de aquí. 

Quiso oponer resistencia, tomando como rehenes a su propia esposa e hijo, pero los agentes (¿pasando por alto en el operativo cualquier protocolo que privilegie la integridad de las víctimas?) lo detuvieron y pusieron a disposición de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE). 

 


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