Estación Sufragio: La (des) unidad panista

Por Adalberto Carvajal
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Al jalar cada uno por su lado, los panistas han fracasado en los diferentes intentos por lograr la alternancia en Colima.

Para la delegada especial del CEN del PRD en Colima, Martha Zepeda del Toro, la sanción aplicada a Rafael Mendoza –destituirlo como alcalde de Cuauhtémoc e inhabilitarlo por siete años para ocupar un nuevo cargo público– es excesiva y desproporcionada al daño cometido. 

Finalmente, apunta la también ex candidata a la gubernatura, los actos de proselitismo que realizó el entonces edil panista a favor de Jorge Luis Preciado no influyeron determinante en el resultado electoral. Vamos, la elección extraordinaria de Gobernador la ganó Ignacio Peralta.     

Zepeda insiste en que el delito electoral cometido por Mendoza Godínez –señalado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación– ameritaba un procedimiento administrativo, no un juicio político. 

Subraya la cabeza del Sol Azteca que Rafael Mendoza “no robó ni causó daño al erario”, como sí han hecho otros contra los que no se ha procedido legalmente ni con la agilidad que amerita el caso (en clara referencia al ex gobernador Mario Anguiano).

Y ella misma llega a la conclusión que este castigo desmedido lo aplicó un Congreso local donde tres diputados panistas decidieron jugarle las contras a su partido y, específicamente, al senador Preciado.

Lo que dijo la dirigente perredista coincide puntualmente con lo que el domingo expresó Rafael Mendoza en rueda de prensa. El removido alcalde de Cuauhtémoc se quejó que esta sesión “a puerta cerrada y con un cerco de seguridad para evitar la entrada de cualquier persona”, fue similar al “juicio de un criminal de alta peligrosidad y no [el] de un ciudadano que siempre ha actuado de forma apegada a la ley y con el único objetivo de hacer buen trabajo”.

 Mendoza señaló que la sanción debió ser administrativa, no un juicio político como el que se le hizo, además de establecer su defensa en el fundamento de una administración que “ha trabajado limpiamente, sin robar un sólo peso y siempre con el compromiso para su gente”.

Finalmente, recalcó que algunos diputados se prestaron para este juego sucio, traicionando directamente al Partido Acción Nacional. Por eso, se informó que por haber participado en este jurado de acusación en contra de un alcalde emanado de AN, el comité estatal del PAN ya prepara la expulsión de los diputados Riult Rivera, José Santos y Crispín Guerra, pues desobedecieron  la orden de que no se presentaran a la sesión del Congreso.

 Sin embargo, es de esperar que estos nuevos procesos se estanquen como estancados están los procedimientos de expulsión en contra de Gabriela Benavides, Pedro Peralta Rivas y otros tantos militantes que, supuesta o acreditadamente, operaron para hacer perder al candidato del PAN en la elección ordinaria o en la extraordinaria.

Con su voto razonado, los tres diputados panistas que aprobaron el dictamen que establecía la grave sanción para Mendoza le dieron la razón a los diputados oficialistas que sostienen que no se trató de una venganza política sino de una justa interpretación de la resolución del TEPJF, y que la prueba es la votación diferenciada.

Este acto de indisciplina, por lo demás, muestra las grandes fisuras en el monolito que debiera ser el principal partido de oposición en Colima. Para colmo, los detractores del PAN pusieron en duda la unidad partidista con base en la ausencia en esa misma rueda de prensa de importantes figuras del panismo, como Martha Sosa, entre otros congresistas locales, las diputadas federales Gretel Culin y Eloísa Chavarrías, así como las alcaldesas Gabriela Benavides (Manzanillo) y Yulenny Cortés (Villa de Álvarez).  

Si bien está anunciada una nueva conferencia de prensa para este martes 28 de febrero, en la del domingo fue evidente que no hay una  idea clara acerca de cómo realizar la defensa jurídica del acalde depuesto. La destitución estaba cantada y parece que la plana mayor del panismo se quedó a la expectativa, confiando en que el régimen de Peralta Sánchez no se atrevería a tanto. Y, pues sí, se atrevió. 

Eso sí, Jorge Luis Preciado aseguró que hubo una reunión en días pasados a la que asistieron el gobernador Ignacio Peralta, el coordinador de diputados del PRI, el Delegado de la Secretaría de Gobernación, alguien del Tribunal de Justicia del Estado y Pedro Peralta, “primo” de Nacho, además de “los diputados que se dicen ser de nuestra fracción, encabezados por Riult Rivera”.

En esa reunión, afirmó Jorge Luis, se afinó la “estrategia para desestabilizar y dañar al partido y a sus funcionarios”, y de alguna manera vengarse porque “con el triunfo del Ing. Enrique Michel Ruiz” en la elección de dirigente estatal,  “el partido conservó su esencia y con ello obstaculizó que el PRI Gobierno se apoderara de Acción Nacional en Colima”.

En síntesis, según el Senador, la remoción de Mendoza no es más que una de esas “acciones desesperadas [de Pedro Peralta] para desacreditar al PAN”, con “amenazas a los presidentes municipales y hostigamiento a los demás funcionarios con la intención de apoderarse del Partido”.

Cuando se plantean los temas de deslealtad, indisciplina o franca rebeldía en las filas de Acción Nacional, los aludidos o aquellos que se colocan el sombrero por sí solos alegan que el blanquiazul es un partido que demanda convicción, no obediencia ciega. Sostienen que son un partido de cuadros, no de masas. Y que desde su fundación mantiene un esquema de afiliación individual, no sectorial o corporativa como lo hizo el PRI.

Los panistas pueden explicar por qué cada quién jala para su lado, según le convenga, apelando a la libertad de conciencia y a la falta de línea, pero lo cierto es que el PAN ha fracasado en cada uno de los intentos que han hecho por lograr la alternancia en Colima… precisamente por la falta de unidad.

Inseguros de que puedan alcanzar la gubernatura, muchos panistas o políticos que llegan a los cargos de representación popular con los colores del PAN, apuestan a corto plazo y aseguran sus beneficios personales en lugar de trabajar por un objetivo institucional. 

No es un defecto de la militancia estatal, la pugna por la candidatura presidencial pulveriza las estructuras partidistas a nivel nacional ante la posibilidad de que Peña Nieto le herede el poder al más priistas de los gobernadores panistas, Rafael Moreno Valle, o, entre Margarita Zavala y Ricardo Anaya, al más antilopezobradorista de los aspirantes del blanquiazul. 

Mi correo: carvajalberber@gmail.com. También puede leer esta columna en el sitio web de Carvajal Berber

 


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