Estación Sufragio: Para filtrar el agua envenenada

Por Adalberto Carvajal
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Si encuentran que el agua de Colima tienen arsénico, querrán filtrarla y para ello subirán las tarifas.

Arraigada como la creencia en que si hace mucho calor seguro es que va a temblar, en Colima tenemos la idea de que los índices de cáncer son más elevados aquí que el promedio nacional. El sentido común sugiere que los recurrentes casos de alergia pueden estar relacionados con la ceniza del volcán, pero a la actividad del coloso de fuego se le atribuyen también los riesgos de desarrollar algún tipo de cáncer.

El año pasado, en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, la Fundación Colosio del PRI organizó un panel sobre este tema, y entre los especialistas, enfermos y representantes de los patronatos de ayuda que participaron el médico radiólogo y especialista en cáncer de mama, Augusto Sánchez Cárdenas, señaló que si bien aún no se conoce la causa que está originando este incremento en los casos detectados, “algunos alimentos han demostrado que han elevado la incidencia de cáncer de mama, como los conservadores que tienen algunos productos, debido a la proporción de arsénico que contienen, que es altamente tóxico por lo que puede causar otros cánceres y enfermedades como del hígado y corazón”.

Cuando Augusto Sánchez dijo esto el 21 de octubre pasado, todavía no estallaba el escándalo por la publicación en una revista científica internacional del estudio “Riesgos potenciales de salud por consumo de agua con arsénico en Colima, México”, una investigación realizada por un equipo interdisciplinario de la Universidad de Colima y de la Universidad de Harvard que registró niveles de arsénico superiores incluso a los permitidos por la Norma Oficial Mexicana NOM-127-SSA1-1994 (mucho más laxa que la norma internacional, por cierto) en dos pozos de agua en el centro de Colima, lo que según estos académicos podría representar un riesgo alto de enfermar de cáncer para medio millar de personas.

Cité el boletín oficial del PRI sobre el panel, para dejar constancia de que el tema del arsénico y su potencial carcinógeno ya estaba en el imaginario colimense desde antes que la investigación del agua de pozo llegara a los medios. Lo que explica el pánico que las autoridades de la Secretaría de Salud y de la propia Coordinación General de Investigación Científica de la UdeC, se empeñaron en calmar al descalificar la SSyBS al laboratorio que procesó las pruebas del estudio y al considerar la Universidad, las conclusiones, una mala interpretación de los resultados obtenidos por sus propios científicos.

En un primer acercamiento a la cuestión, concluíamos en esta columna la pertinencia de repetir el experimento ante la gravedad del supuesto de que los colimenses estemos bebiendo agua contaminada con una sustancia cancerígena. En una carrera contra el tiempo, la fracción del PAN y luego, por unanimidad, el Congreso local exhortaron el jueves 9 de marzo a los gobiernos estatal y federal a realizar a la brevedad posible un estudio sobre la calidad del agua. Sólo para encontrarse con la sorpresa que, desde el lunes pasado a la aprobación del punto de acuerdo presentado por la diputada Martha Sosa Govea, “se tomaron nuevas muestras cuyos resultados se darán a conocer a la población”.

No sé para que las analizan puesto que la Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Coespris), dependiente de la Secretaría de Salud, informó de antemano que “los estudios sobre la calidad del agua en Colima son permanentes, y por ello, con los resultados que se han obtenido se puede afirmar que no se ha detectado contaminación del agua por arsénico”.

Según la Coespris, se realizan los estudios de la calidad del agua en tiempos y formas que estipula la norma sanitaria vigente, y como parte de los nuevos exámenes se tomaron muestras para proceder a su análisis de plomo, arsénico y flúor en la Comisión de Control Analítico y Ampliación de Cobertura (CCAYAC).

Sospecho que si encuentran arsénico, dicha sustancia estará por debajo de la concentración permitida (aunque la norma mexicana que lo mide sea engañosa). Y determinarán las autoridades que no hay riesgo por varias razones, la primera por política ya que es una bandera que enarboló la diputación panista, y aunque los congresistas del oficialismo terminaron sumándose al exhorto se darán por satisfechos con el estudio de la CCAYAC por un motivo mucho más poderoso que la política: el económico.

Si la Coespris encuentra arsénico en los pozos que operan los organismos municipales, tendría que recomendar el uso de filtros. Ciapacov, Capdam, Comapat o cualquiera de los operadores se verían impelidos a incluir un concepto adicional en el cobro del servicio de extracción y conducción. El agua de la llave llega a nuestros tinacos clorada, para limpiarla de gérmenes, pero no filtrada de metales pesados. Y ahora cobrarían también por purificarla.

Cuando Ciapacov ya no pudo seguir eludiendo la obligación de sanear las aguas negras que estaba vertiendo a los ríos que cruzan Colima, en el sexenio de Silverio Cavazos construyeron una planta de tratamiento que –pese a no funcionar adecuadamente– disparó la deuda pública y supuso un aumento en la tarifa. Por eso, antes de que anuncien la privatización de los servicios de agua potable, drenaje, alcantarillado y saneamiento, cmo único mecanismo viable para costear la inversión que requiere la construcción de una planta de filtración de arsénico, hay que decirles que no son tan caras.

Hay muchos filtros de nivel industrial en el mercado, y hasta los domésticos tienen un precio considerable. Pero en 2005 la Unesco dio a conocer (http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=30103&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html) una alternativa tecnológica para abaratar los filtros de agua anti-arsénico. Según este el Instituto de Investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la presencia de arsénico en el medio ambiente se debe a fenómenos naturales, y también a ciertas actividades humanas (como la explotación minera, la fundición de minerales o el funcionamiento de centrales eléctricas de carbón). 

No existe terapia contra el envenenamiento por el arsénico presente en el agua potable, por lo que la prevención es la única arma contra una plaga que afecta a un gran número de países, desde Bangladesh a Estados Unidos, pasando por Argentina, Chile, China, Ghana, Grecia, Hungría, India o México. Pero un filtro de agua anti-arsénico puede salvar decenas de millones de vidas en todo el mundo. 

El filtro que desarrolló la Unesco es sencillo y ecológico, pues utiliza una tecnología con base en arena rodeada de óxido de hierro como material para absorber el arsénico. Cuando se produce en fábricas, este material es muy caro. Y cuando su capacidad de absorción se agota, hay que cambiarlo por otro nuevo y buscar el modo de liberarse del material usado. Sin embargo, la Unesco utiliza la arena recubierta de óxido de hierro que se encuentra en las plantas de tratamiento de aguas. 

Se trata de arena natural que se utiliza como filtro para la eliminación del hierro y que, al cabo de algunos años, se tiene que tirar. Esta arena, que con el paso del tiempo va recubriéndose de óxido de hierro, es un método excelente de absorción del arsénico en el agua. Y como es gratuita, el costo de dicha tecnología para el usuario es módico.


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