CartapacioS: Palafoxiana

Por Juan Diego Suárez Dávila
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Alguna vez me pregunté por qué la bellísima biblioteca que administra la Casa de la Cultura de Puebla se llama así: Biblioteca Palafoxiana. Me puse a leer el libro de Pedro Ángel Palou “Varón de deseos” (Planeta, México 2011) y descubrí la razón.

El recinto se describe a sí mismo de la siguiente manera: “La Biblioteca Palafoxiana fue establecida por el obispo Juan de Palafox y Mendoza en 1646, al donar a los colegios tridentinos 5000 volúmenes de su colección personal. El obispo de la angelópolis estipuló ante notario público que cualquier persona que supiera leer, tendría derecho a la lectura de los mismos; siendo así la primera biblioteca pública de América […] Establecida desde entonces en el corazón de la ciudad de Puebla, es emblema del barroco con sus tres niveles de fina estantería y un altar dedicado a la Virgen de Trapani. Tiene un fondo bibliográfico antiguo de 45059 volúmenes, entre los que destacan las colecciones de manuscritos, de pliegos sueltos y los incunables: “Los nueve libros de la Historia”, escritos por Herodoto, publicado en 1473, es el ejemplar más antiguo del acervo palafoxiano. Por su estado de conservación e importancia, la biblioteca mereció por parte de la Unesco el nombramiento de Memoria del Mundo […] Hoy en día continúa siendo un recinto para la divulgación del conocimiento universal, la investigación y la historia del libro y la lectura en América”.

La obra biográfica de Palou nos cuenta de manera novelada la vida de Juan de Palafox y Mendoza: Producto de los amores furtivos entre Jaime de Palafox y Mendoza, Marqués de Ariza y Ana de Casenate y Espés, nace el niño que su madre intentó tirar, pero la sirvienta Obdulia que tenía la misión de deshacerse de él, lo deja en una canasta, cual Moisés, y se queda un rato vigilándolo hasta que acierta pasar por ahí un buen hombre, el sastre Pedro Navarro, que se apiada de la criatura y se lo lleva a su casa.

Algunos meses después Obdulia con todo el arrepentimiento encima, confiesa su pecado ante el abad don Ignacio Fermín de Ibero, este la absolvió “aunque no sin una gran penitencia y la seguridad de que al niño al que habían deseado la muerte crecería sano y feliz en una familia piadosa de aquella pequeña comunidad […] Ana, la madre, respiró aliviada cuando su incondicional Obdulia le comunicó que su hijo vivía a pesar de todo” (p. 33).

Luego fue reconocido por su padre, quien subrepticiamente le enviaba dinero a la familia Navarro para que el chico creciera sin carencias, no sería sino hasta cumplidos los diez años cuando su padre lo reconoció; luego se fue a vivir con él, aunque nunca cortó los lazos con su familia adoptiva. Siempre amó los libros y se preparó con ellos. Fueron su pasión y se preguntó en contadas ocasiones por qué no toda la gente tenía acceso a ellos.

Después fue nombrado Fiscal del Consejo de Guerra en 1626 y del Consejo de Indias en 1629; hombre culto y sabio es visitador del convento de las Descalzas Reales de Madrid y Capellán de la emperatriz María, hermana de Felipe IV, viaja por toda Europa dos años. Luego lo nombran visitador general de Nueva España en 1639, por lo que viene a México como obispo de Puebla, llega el 24 de junio de 1640. Por su cargo de visitador de los ministros y tribunales de Nueva España, somete a juicio de residencia a los dos virreyes anteriores.

Enjuició con dureza al virrey, marqués de Villena, a quien suspende en su oficio en 1642. El 9 de junio Palafox toma posesión como virrey interino y capitán general hasta noviembre en que llega el siguiente virrey conde de Santiesteban.

Concluyó la construcción de la catedral de Puebla, sus enemigos lo acusaron de endeudar por ello al obispado. Promulgó reglas para las comunidades religiosas, armó la milicia local y se enfrentó a los jesuitas (arzobispo electo, no aceptó el cargo). Los jesuitas realizaron una gran labor propagandística contra Juan, hubo excomuniones cruzadas y cartas al rey y al Papa. El año 1647 fue el de la gran polémica. Juan sale en mayo de 1649 hacia España. En el juicio de residencia de 1652 se le da por "bueno, limpio y justo". Moriría en 1659.

De hecho la novela de Palou inicia con la huida de Juan de Palafox ante la persecución de aquellos que han perdido sus privilegios. Este hombre al que han beatificado recientemente dejó una buena obra escrita, parte de la enorme biblioteca que honra su nombre.

 

 

 


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