CartapacioS: Humoradas

Por Juan Diego Suárez Dávila
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Juandiego

Lo he dicho desde que soy aficionado a la lectura: la literatura, antes que nada, es un placer. Poema o novela que nos cause sopor, hay que dejarlo. Sé que puede parecer una bellaquería que diga eso, pero así lo practico. Ahora, si se trata de asuntos académicos, es otro cantar: en la academia hay libros imprescindibles a los que se tiene que acudir porque son canónicos para la historia de la literatura. Si se estudia la carrera de letras hispanoamericanas, el alumno tiene que encontrarse con los antecedentes más importantes que le han dado rostro a su materia. En una vocación literaria deben entrar los textos de los escritores fundacionales como los de Cervantes, Quevedo, Góngora, Sor Juana, et. al.

Por otro lado, puede ser que esos escritores nos parezcan demasiado serios por clásicos. La fama que los encumbra a veces impide que veamos que son seres humanos igual que nosotros que lo mismo sufren, aman, ríen. En consecuencia, sus creaciones reflejarán con certidumbre al ser humano que existe o existió detrás del escrito que tenemos en las manos.

A pesar de los sufrimientos y de las desdichas de Miguel de Cervantes en “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” encontramos el humor, el chiste, la gracejada y la parodia como motor central del argumento. Toda la obra está compenetrada de ironía y festejo, aunque en lo profundo nos topamos con uno de los escritores más humanos y divinos de todos los tiempos.

En el caso de Francisco de Quevedo vemos su obra que discurre por una línea seria, estoica y profunda que nos toca el alma y nos mueve a la cavilación; sin embargo, tiene un lado que por jocoso parece que es banal y prosaico, de hecho lo es, hasta hay un libro de chistes atribuido a él, contaré uno para ilustrarlo: en la cantina apostaron con Quevedo a que no era capaz de decirle a la Reina que estaba coja, él dijo que sí lo haría. Vio el momento propicio y se le acercó a la primera dama con sendas rosas en las manos, y le dijo a su alteza “Entre esta rosa blanca y esta rosa roja, su majestad escoja”. Pero otro lado que tiene es lo vulgar y lo escatológico como esta adivinanza en poema: “Las dos somos hermanas producidas/ de un parto y por extremo parecidas; /no hay vida cual la nuestra penitente;/ siempre andamos de embozo entre la gente, / que a indecencia juzgara/ vernos un ojo, cuanto más la cara./ Necesidad precisa/ nos tiene muchas veces sin camisa;/ gormamos siempre lo que no comemos;/ y otro mayor trabajo padecemos:/ que por culpas ajenas/ somos el dedo malo de las penas./ Un eco es nuestra voz, de que, ofendidos/ y con razón, se muestran dos sentidos;/ y así la urbanidad, aunque forzadas,/ nos tiene a soliloquios condenadas;/ es al fin nuestra vida,/ por recoleta, siempre desabrida”. Y si usted, después de leer, no le llegó al asunto, la respuesta la da en esta “Explicación: Si no quieres trabajar/ el ingenio, bella Clori,/ orinal somos sin ori/ y Vargas, quitado el var”.

Por su parte Luis de Góngora que se supone más serio que su archienemigo Quevedo, también tiene su lado oscuro, por ejemplo este dedicado a un médico “Mata a todos cuantos cura/ el médico Filiberto,/ y si alguno no se ha muerto/ es que le ha errado a la cura”. Y este otro con esfuerzo más serio y versos de arte mayor que dice burlándose de un caballero prevenido para unas fiestas “Sea bien matizada la librea,/ Las plumas de un color, negro el bonete,/ La manga blanca, no muy de roquete,/ Y atada al brazo prenda de Niquea;// Cifra que hable, mote que se lea,/ Bien guarnecida espada de jinete,/ Borceguí nuevo, plata y tafilete,/ Jaez propio, bozal no de Guinea;// Caballo valenzuela bien tratado, / Lanza que junte el cuento con el hierro,/ Y sin veleta al Amadís, que espera// Entrar cuidosamente descuidado,/ Firme en la silla, atento en la carrera.../ Y quiera Dios que se atraviese un perro”.

 

Por su lado Sor Juana Inés de la Cruz también participó del espíritu de época que por un lado los inclinaba a lo serio y filosófico y, por otro, a lo risueño y a la burla (en teatro no se diga) de ella pongo este “epigrama en que descubre digna estirpe a un borracho linajudo” y que es poco conocido pero de muy buen ingenio: “Porque tu sangre se sepa,/ cuenta a todos, Alfeo,/ que eres de Reyes. Yo creo/ que eres de muy buena cepa;/ y que, pues a cuantos topas/ con esos Reyes enfadas,/ que, más que Reyes de Espadas,/ debieron ser de Copas”. 


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