Benito Juárez y sus Leyes de Reforma; 21 de marzo día de su natalicio

Por CN Digital|Redacción
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*El ex presidente fue pieza clave en la historia del México* 

En el marco de las celebraciones de este 21 marzo, natalicio de Benito Juárez, CN Digital les ofrece algunos detalles sobre la vida del ex presidente, y eje principal de La Reforma, etapa de la historia que fue clave en la vida de México.

Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao del estado Oaxaca en Méjico.

Sus padres murieron cuando él tenía 3 años, por lo que quedó bajo el amparo de sus abuelos y hermanas. Pero finalmente terminó bajo la custodia de un tío.

Trabajó como peón del campo y como pastor de ovejas hasta la edad de 12 años. Temeroso del regaño de su tío, por haber perdido una oveja, huyó a la ciudad de Oaxaca, para encontrarse con su hermana Josefa, quien servía como cocinera. Ella lo recibió y lo inició como trabajador doméstico en casa de los Maza.

Al llegar a la ciudad, Benito no hablaba español pues sólo hablaba lengua zapoteca y tampoco sabia leer ni escribir.

Un sacerdote franciscano, lo ayudó a ingresar en el seminario de la ciudad, único lugar en donde se podía estudiar la secundaria.

En 1824 ingresó al Seminario de Santa Cruz donde inició sus estudios de Derecho. Más adelante ingresa al Instituto de Artes y Ciencias de Oaxaca, donde realizó otros estudios y se desempeñó como rector.

De acuerdo con el José Manuel Villalpando, autor del volumen Benito Juárez, de la colección  Grandes Protagonistas de la Historia Mexicana, “de raza zapoteca pura, en la pequeña aldea de San Pablo Guelatao, en el actual estado de Oaxaca, nació el ex presidente el 21 de marzo de 1806. Sus padres, Marcelino Juárez y Brígida García, fallecieron cuando aún no cumplía tres años de edad. De hecho no los conoció, y más tarde confesaría que no recordaba nada de ellos”.

En el llamado tomo Apuntes para mis hijos, Benito Juárez reveló que “como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me dediqué, hasta donde mi tierna lo permitía, a la labores del campo. En algunos ratos desocupados, mi tío me enseñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano, y como entonces era sumamente difícil para la gente pobre, y muy especialmente para la clase indígena, adoptar otra carrera científica  que no fuese eclesiástica, me indicaba sus deseos de que yo estudiase para ordenarme”.

Estas indicaciones y los ejemplos, continúa el relato, “que se me presentaban en algunos de mis paisanos que sabían leer, escribir y hablar la lengua castellana, y de otros que ejercían el misterio sacerdotal, despertaron en mí un deseo vehemente de aprender, en términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme mi lección, yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase si no la sabía; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco o nada adelantaba en mis lecciones”.

José Manuel Villalpando escribió: “Su destino, como niño indígena, parecía estar marcado por la tradicional forma de vida de los zapotecas: quedarse en el pueblo toda la vida , cultivar su parcela y pastorear a las ovejas”.

Sin embargo, señala el historiador, “el talento no distingue razas ni colores de piel, y pronto, al cumplir los doce años de edad, se despertó de ‘un vehemente deseo de aprender’. Deseaba aprender, principalmente, el castellano”.

Las posibilidades para que un infante indígena pudiera estudiar, eran prácticamente nulas. Pero no sólo los indios estaban imposibilitados para educarse, sino también las clases más pobres de las población. Si acaso, la única oportunidad que había para recibir algo de conocimientos era la clase semanal de catecismo que se impartía en los templos.

Juárez decidió dedicarse a los estudios de jurisprudencia, ingreso al despacho de Tiburcio Cabañas para realizar sus prácticas profesionales, y fue designando posteriormente, secretario del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.

En 1833, fue electo regidor del Ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca, y al poco tiempo, diputado del congreso local.

“La política era su pasión; o más bien, el servicio público. Adoptó muy en serio su función como diputado local y aprovechó la terrible circunstancia de fusilamiento del caudillo Vicente Guerrero, 1831 en Cuilapan, cerca de Oaxaca. Logró que el Congreso decretara honras fúnebres para el héroe y que sus restos se conservaran como patrimonio del estado de Oaxaca”.

El 29 de noviembre de 1847, fue nombrado gobernador de Oaxaca, gobierno que ejercería hasta el mes de agosto de 1852. Se había convertido en el primer gobernador indio del país.

Posteriormente, Benito Juárez se enfrascó en la reforma liberal, donde debió enfrentar tremendas decisiones políticas y personales, acertando a veces, y otras equivocándose. Así, dejó de ser indio para competir con los blancos, creyó con sinceridad en las ideas liberales, quiso cambiar al país con las leyes de Reforma, comprometió la soberanía nacional entregándola a Estados Unidos.

De igual forma, defendió a México contra la invasión francesa  y se convirtió en el símbolo de la patria al oponerse al emperador Maximiliano, más tarde intentó modificar ilegalmente la Constitución.

Para el escritor, Juárez, “durante toda su vida, su mayor preocupación fue la dignidad de México. Durante 14 años ocupó la silla presidencial y se hubiera quedado más tiempo en ella si la muerte no se lo impide”.

Don Benito Juárez dijo alguna vez que era urgente darle a México la dignidad de una nación libre y soberana; enseñarle al resto del mundo que los mexicanos eran capaces de regir su destino; demostrar que tenían una patria a la cual defender con orgullo.

En un discurso como gobernador de Oaxaca, nuestro personaje de la historia señaló: “Hijo del pueblo, yo no lo olvidaré; sostendré sus derechos, cuidaré de que se ilustre, se engrandezca y se cree un porvenir y que abandone la carrera de desorden, de los vicios y de la miseria a que lo han conducido los hombres que sólo con sus palabras se dicen amigos y liberadores, pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos”.    


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